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AMIGOS DEL TORO JUBILO

 

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LA SINTETIZACION DE LA CELEBRACION
 

 

FOTOS : Patronato del Toro de la Vega y Heraldo de Soria

 

La celebración

El lugar de la celebración es la Plaza Mayor. Allí se ha colocado el PALO y junto a el se ha situado la ARCILLA ROJA que se mezcla con agua. Los mozos en los toriles atan al morlaco, colocándole dos cuerdas en la testuz. Una para adelante y otra para tirar de la parte de atrás. Se dirigen hacia el palo e introducen la cuerda por el. Dejan un pequeño margen entre el animal y el palo, para facilitar "el corte de la soga".Una vez atado se procede a la colocación de las bolas y el embarrado.

Con la arcilla roja mezclada con agua, se cubre pacientemente todo el animal (cara, testuz, costillas, lomo, barriga, patas delanteras...) con una capa, que hará el oficio de escudo protector e impidiendo que las gotas de pez que se desprenden de las bolas, hieran al animal. Durante este proceso, los mozos inmovilizan al animal, habiendo uno o más sujetando el rabo con el objetivo de evitar movimientos bruscos de la res.

A la vez, otros mozos se encargan de la colocación de las bolas. Se coloca la almohadilla entre los cuernos del tor, sobre ella la astilla y sobre esta la gamella, en cuyos extremos van colocadas las bolas, que deben ir inclinadas ligeramente hacia adelante. Todo debe estar perfectamente ligado, probandose por tracción sobre la gamella su estado y evitar así cualquier imprevisto.

Acabada la colocación de las bolas y el embarrado se procede al encendido. Se recomienda que esta acción sea realizada con detenimiento ,esperando a que las llamas hayan mordido el cono superior y sucedido esto se puede proceder a dar suelta al animal ,comenzando el CORTE DE LA CUERDA, por el mozo designado que haya ganado la puja

Libre el animal de su atadura inicia por la Plaza sus "correrías" unas veces hostigado y otras persiguiendo, avivándose el fuego de las bolas. Una vez apagadas las mismas, se "recoge" al animal, para que despojándole de lo que sirvió para el rito, se tranquilice y descanse.

Texto: Julián Arense Carenas